¿Come usted caracol?

La gastronomía francesa es una de las más famosas del mundo: clásica, moderna y excéntrica a la vez. Es por la exquisitez de las creaciones francesas que se han ganado tal fama a nivel mundial. Todos sueñan con visitar París, sentarse en un pequeño café con vista a la Torre Eiffel y desayunar tostadas francesas y un croissant. Es una escena perfecta de película. Sin embargo, la mayoría tenemos que conformarnos con los croissants de factura local, algunos mejores que otros.

Uno de los platos franceses más emblemáticos son los escargots, que es la palabra francesa para decir “babosa” o “caracol”. Muchos lo prueban sin saber qué son, ya que la apariencia semeja la de algún marisco como mejillones o almejas, aunque la forma del caracol es típica y para el conocedor fácilmente diferenciable.

En primer lugar, no todas las especies de caracoles son comestibles, solo los caracoles de tierra, y de ellos tres o cuatro tipos. El más famoso de ellos proviene de Borgoña, de donde es originario el plato. Debido al desarrollo y a su explotación, ya no se encuentran estas especies comestibles en su hábitat natural, se cultivan en granjas como mismo se atendería al ganado. Este tipo de cría en cautiverio se llama helicicultura.

Para su consumo, los caracoles pasan por un largo proceso en el que se separa la carne del caracol, ambos se limpian y cocinan y se vuelven a montar como si nunca se hubiera separado. Se puede comer así o pasado por el horno con un aderezo de mantequilla y perejil. Para comerlos hay que utilizar pinzas y utensilios especiales, para poder sacar la masa sin romper el exterior.

Los escargots son un símbolo de la cocina francesa, y aunque la receta tiene cientos de años, su consumo nunca pasa de moda.

Add Your Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *