¿Le suena Michelin?

Seguramente cuando escucha la palabra Michelin piensa en las gomas de carros, y no lo asocie con nada relacionado con cocina, aunque obtener una estrella Michelin sea el equivalente a obtener un premio Oscar. Sin embargo, sí están relacionados. Todo comenzó con la Guía Michelin, creada por André Michelin, famoso junto a su hermano por los avances en los neumáticos. Esta guía era una especie de panfleto que se repartía de forma gratuita a los clientes en la tienda automovilística. Contenía consejos como los mejores mecánicos, curiosidades y lugares donde comer. Con el paso del tiempo, se fue especializando, y tras unos años comienza a ser vendida como guía turística. Clasificaba los restaurantes de acuerdo a la calidad de la comida y confort del lugar.

Así fue que comenzó a enviarse a personas a investigar los establecimientos, que comían allí de forma anónima y hacían una evaluación de acuerdo a una lista de estándares por los que se rige todavía la empresa. La estrella Michelin es entregada a aquel restaurante que muestra creatividad y calidad en sus platos. Además tienen otros dos parámetros de clasificación: el cubierto y la casa. Se otorgan de 1 a 5 cubiertos a los lugares cuyo servicio y ambiente sea superior, y la casa se otorga a los hoteles por el mismo criterio.

El máximo de estrellas que puede obtener un establecimiento es tres, pero debe mantenerlas, no son premios que se acumulen. Una vez se otorga la primera estrella, se debe mantener la categoría por un tiempo antes de aspirar a la segunda. Además, un chef puede alcanzar ilimitadas estrellas porque puede cambiar de restaurante, todo depende de su capacidad e imaginación, ya que no puede obtener otra estrella por hacer lo mismo que hizo en un restaurante anterior. Mientras más estrellas Michelin tenga un chef, más prestigio tendrá el restaurante, aunque éste no tenga ninguna por sí mismo.

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