Uno de los postres más emblemáticos y versátiles de la gastronomía francesa son las famosas crepes. Esta preparación, aunque por su nombre y su origen francés podría parecer complicada de elaborar, es realmente una masa muy sencilla y parecida a la receta de los clásicos panqueques norteamericanos.

La masa no consiste en mucho más que mezclar a mano o en una batidora eléctrica unos cuantos huevos, leche, harina, sal, y azúcar en caso de ser usada para la elaboración de platillos dulces. Esta masa, -que por lo general se debe dejar descansar algunas horas en refrigeración después de haber sido colada-, se cocina en unas sartenes especiales de hierro fundido de un diámetro de entre 15 y 20 centímetros, y de un grosor muy fino, pero bien se podría cocinar en cualquier sartén común. Las crepas se vierten en una película muy delgada y se cocinan de un solo lado, pues el calor se transmite a través de la masa tan fina.

Las crepas pueden ser rellenadas con dulce o se pueden preparar platos salados con ellas, aunque lo más común son los postres. Una de las más populares recetas son las crepe suzette, que son crepes rellenas con una fina capa de mantequilla azucarada y saborizada con cáscara de cítricos como la naranja o la mandarina, además de una pequeña adición de su jugo. Posteriormente a la cocción de esta masa, se coloca la mantequilla en el interior y luego los dulces son flambeados en brandy o en un licor que por lo general es de naranja. Estos platos que se comen bien calientes se decoran con ralladura de naranja y se pueden acompañar con helado de crema o de vainilla o con crema chantilly batida.

Las crepes pueden ser consumidas como desayuno, y en este caso se rellenan de mermeladas de frutas y de crema batida, a la par que se acompañan con un buen café con leche.